Una buena taza de café
David Lynch y el regalo de una bebida reconfortante.
Cuando el agente del FBI Dale Cooper llega al pueblecito de Twin Peaks, lo hace para investigar el asesinato de la joven Laura Palmer en extrañas circunstancias. Sin embargo, su primera parada es la cafetería de su hotel. Allí, sin dejarse llevar por la inquietud y el desasosiego del caso que tiene entre manos, disfruta de “a damn fine cup of coffee” con el entusiasmo de un niño sin responsabilidades. A lo largo de la serie, esta obsesión por el café se convirtió en un protagonista más; una proyección del propio David Lynch, que aseguraba tomar entre diez y veinte tazas al día.
La primera temporada se ambienta en el deshielo, justo al final del invierno, y la naturaleza del escenario, con esos bosques espesos, las imágenes de niños en el colegio, la franela, los verdes y naranjas cálidos, el aliento visible en el aire durante los diálogos… hacen que quieras agarrar una bebida caliente entre las manos.
Aunque evidentemente hay fans acérrimos del café en la vida real, a veces creo que el aura filosófica alrededor de él no se trata tanto del café en sí, sino del espacio de confort y de la experiencia de un encuentro. Puede ser el romance de tomarlo a solas, siguiendo un ritual , o la experiencia comunitaria de una sobremesa donde alguien te quiere lo suficiente como para prepararte el café exactamente como te gusta.
Es la simplicidad de una interacción humana, como un intercambio casi mecánico que puede evocar un millón de recuerdos. El aroma que se abre paso en una Bialetti, el sonido del líquido vertiéndose en la taza, la cucharilla contra la porcelana, el dulce con el que se acompaña. La prueba de esto es que yo no tomo café, soy una intrusa en esta conversación, pero su olor en casa me levanta de la cama y me lleva directamente a dos momentos concretos: una mañana en la que descubrí a mi hermano poniéndose su primer café -descafeinado, claro-, algo que me pareció adultísimo; y a una merienda con mi madre y sus hermanas en las que cada una pidió el café de una forma, mareando a la camarera como casi siempre sucede, y tras lo que la recuerdo riendo pletórica varias horas.
Dale Cooper es un hombre que busca conexión, que está en su mejor momento en ese lugar donde la curiosidad y la comunidad interseccionan. Y el café le ayuda a hacer esa conexión. Así que realmente no importa tanto lo que hay en la taza sino saberse presente, regalarse un rato. “Harry,” dice Cooper en el episodio piloto de Twin Peaks. “Voy a contarte un pequeño secreto: todos los días, una vez al día, hazte un regalo. No lo planees; no lo esperes; solo deja que suceda. Puede ser una camisa nueva en una tienda, una siesta en tu silla de la oficina, o dos tazas de buen café negro y caliente”.
Que el aroma del café que ha impregnado esta mañana todas nuestras cocinas le llegue a David Lynch allá donde esté.
Un videojuego
Blanc es una aventura cooperativa en la que un jugador maneja a un cervatillo y otro a un lobezno que necesitan encontrar el camino a casa. Tras una tormenta de nieve que los aleja de los suyos, se encuentran y, tras una desconfianza entre extraños, surge un vínculo especial entre ellos. Su paleta es monocromática, en un blanco y negro precioso e invernal, y es una historia cortita para finiquitársela en una tarde fría. Su mensaje sobre el amor y abrazar las diferencias del otro es bastante tierno.
Una canción
Estaremos todas de acuerdo en que el último disco de Bad Bunny es un disco de verano. De bailar tras una tarde de playa, ducha y cena, con la piel aún caliente y la promesa de la noche por delante. Pero DeBÍ TiRAR MáS FOToS tiene un tema con un tono muy nostálgico que captó mi atención desde la primera vuelta, y tiene una explicación: PIToRRO DE COCO está inspirada en las canciones de Navidad y Año Nuevo tradicionales de Puerto Rico, específicamente en la música jíbara de las zonas rurales y humildes de la isla. Exacto, cuenta como canción invernal.
Su temática sigue una línea de canciones festivas en que se habla de fiesta, bebida y desamores, y particularmente se le hace mención al pitorro de coco, un tipo de ron caña de coco elaborado en Puerto Rico y más fuerte que el ron normal, típico en esas épocas de festividades. La progresión melódica de esta canción es todo lo que amo en esta vida. Un beso a todas las que estén en un bucle obsesivo con este álbum.
P.D. Otra cosa de este fenómeno que me ha llenado el corazón, además del perreo y el mensaje político y anticolonialista, son estos vídeos de mayores puertorriqueños que vivieron los años 70 escuchando por primera vez el sample de NUEVAYoL.
Un pensamiento (como diría Amaia)
Odio las luces blancas. Puedo entender su función en cocinas o baños, donde las acciones que realizamos son más mecánicas o minuciosas y requieren una mayor visibilidad, pero de un tiempo a esta parte he visto cómo se mostraban luces frías en salones y habitaciones como parte de una terrorífica campaña de romantización de la estética de oficina, fábrica u hospital.
No sé si es porque ha vuelto Severance y no puedo parar de pensar en ese ambiente claustrofóbico y estimulante -para mal, como replicando el incesante ajetreo de una ciudad de neones- que es un lugar de trabajo, pero me gustaría que una esfera privada fuera cálida, acogedora, que invite a la relajación; casi como si imitara un conjunto de velas. Y eso pasa necesariamente por una luz cálida, preferiblemente con puntos de luz complementarios en la estancia.
Algo que me chifla en cuanto a diseño de iluminación es el concepto de light layering, que únicamente significa que, al utilizar varias fuentes de luz en una misma estancia, puedes añadir profundidad, dimensión, textura y un montón de cosas más. Con esto vengo a decir que, como en tantos otros ámbitos de la vida, lo importante casi siempre es el mood.






las luces blancas son pura homofobia!!!
Yo tampoco soy de café, pero algo me dice que este año va a cambiar la cosa… ☕️🩷