Sol de invierno
Sobre no marcharse nunca.
Ocurre habitualmente en la juventud que las cosas se viven con una intensidad desmesurada porque aún no tenemos herramientas para contener la presa emocional. Fracasos académicos, discusiones con amigas y desamores se sentían como una estaca en el corazón. Entonces la música le hablaba directamente a una (sigue siendo así en realidad), y las letras de algunas canciones iluminaban universos desconocidos. Por eso a tantos se nos ha devuelto a aquellos años con un estruendo tras la muerte de Robe Iniesta, un tipo inusual al que jamás le importó gustar y que cantaba poemas ásperos que calaban como un chaparrón en verano.
La noticia me transportó a una tarde de agosto de 2004 en la que acompañé a mis padres a visitar a mis tíos. Recuerdo estar husmeando los discos de mi prima, reconocer Yo, minoría absoluta como el contenedor de algunas de las canciones a las que más vueltas le había dado jamás, y guardármelo en el bolso sin cuestionarme ni un poquito. Si estás leyendo esto, Alba, siento el hurto, era joven y escuchar “y si fuera mi vida una escalera, me la he pasado entera buscando el siguiente escalón” alteró la química de mi cerebro.
Se ha escrito mucho sobre el legado y la influencia de Robe, pero mientras veía stories y stories de las canciones favoritas de Extremoduro de cada uno de mis conocidos, no paraba de pensar en lo mágico que era que cada elegida fuera diferente. Que a cada uno le agujereara el alma un tema distinto, procedente de álbumes que se distanciaban en décadas. Ese día, media España buscó sin mirar en Spotify la canción de turno que le arrastró a un momento de hace veinte años que recuerda como si fuera ayer. El día que murió Robe no había nadie viviendo en 2025.
Se fue en una cama fría en una noche de invierno, tal y como él lo cantaba en Sol de invierno, “y su calor es como el sol”. El arte, independientemente de su alcance, tiene ese poder de vivir en multitud de corazones y que en ninguno se repita una sola vivencia. Sé que cuando uno se muere simplemente hay un fundido a negro, pero qué increíble resulta pensar que todo lo que se hace en vida se queda flotando como pequeñas partículas en las vidas de otra tanta gente.
Creo que su marcha me ha afectado más de lo esperado porque Robe murió a la misma edad que murió mi madre, y esos son los detalles que, absurdamente, más luces rojas desencadenan. En una última coincidencia, esta semana Silvana Estrada estuvo cantando una de las canciones más bellas del año en A Colors Show, dándole otra lectura a la pérdida que se quedará siempre conmigo: “Cómo será de hermosa la muerte, que nadie ha vuelto de allá”.
Un artista
Al pintor inglés Gary Bunt me lo descubrió este tuit con el que paré en seco en el feed porque tiene todo lo que una amante de esta época podría desear: situaciones costumbristas vistas con detalle, cafés humeantes, largas bufandas y ambientes invernales. Su trabajo repetía una y otra vez la figura de un hombre y su perro, hasta convertirlos en una narrativa sobre la vida y la importancia de los pequeños detalles de la cotidianidad. Como si cada obra fuera un recordatorio de la persistencia, de la vida que continúa en sus gestos más sencillos. A veces aparecen otras personas y animales en los lienzos, pero el jardinero y su perro son la pieza central, ellos son todo uno.
Gary murió hace solo cinco meses, y este documental sobre su figura y su proceso es un poema en sí mismo: “I get comments from people at the exhibitions that my father in the garden that I’ve painted could be their father or grandfather. The man on the beach with the dog, he could be your father, my father, your uncle, your grandfather. And hopefully they evoke the fond memories that I have of sort of people in my family. I do definitely live in the past as far as my painting goes”.
Un peinado
Tengo en rotación tres o cuatro peinados sencillos que no implican mucho tiempo delante del espejo ni grandes aspavientos pero me dan suficiente vidilla frente al aburrimiento: trenzas clásicas, de raíz, moños, coletas bajas un poco más pulidas o pelo suelto con ondas. Generalmente no salgo de ahí porque tengo mucha cantidad de pelo y es muy grueso, lo que dificulta su manejo en peinados más complejos, pero esta semana encontré esta monería de semirrecogido con lazos que no parece muy complicada (efecto trampa casi seguro) y que voy a intentar replicar para alguna de las cenas navideñas que se avecinan.
Si no vuelvo a decir nada es que ningún cuero cabelludo fue herido en el proceso.
Un anuncio
La cadena de supermercados franceses Intermarché ha lanzado un anuncio navideño precioso que merece la pena compartir con el mundo porque NO ESTÁ HECHO CON IA. Contar con el craft real de animadores ya es suficiente logro, pero además tiene un storytelling de los que antes nos hacían llorar: un lobo temido por los demás animales se propone ganarse su amistad mejorando sus habilidades de cocina y compartiéndolas con ellos. El momento en el que llega a la cena del bosque sosteniendo una tarta, moviendo el rabo contentísimo, me da ganas de chillar. Te amo, lobito adorable, ¿me oyes?
Esto será lo único positivo que se me oirá decir nunca sobre los franceses. Espero comprendan.









Que bonita la frase de “el día que murió Robe, nadie vivió en 2025”, refleja lo que viví ese día, no paraba de escucharle y volver a estar en casa de mis padres y escuchar aquel casete 💖
Experiencia muy similar con lo de Robe Laura, hay veces que se muere alguien y la forma en que la gente empieza a compartir cómo les impactó es tan bonita, por variada, que casi casi duele menos :__